domingo, 13 de abril de 2014

Capítulo 1.



Mi despertador sonó a las seis de la mañana un caluroso sábado de verano. Llevaba esperando ese día todo un año, tendría que vivir con un chico de un año mayor que yo al que todas las de mi instituto deseaban.
Por esos tiempos yo era una ''nerd'' o empollona, en un cambio desesperado para dejar de ser la nerd de mi instituto, me teñí el pelo de lila oscuro y estuve todo un verano en un gimnasio para adelgazar como las Barbie's del club de las animadoras. Pero todo fue en balde, ya que al llegar el instituto se rieron todavía más.
Me senté en la cama para luego poner un pie en el parqué de mi cuarto y luego el otro.
- ¡Emma, a desayunar!
Y ahí estaba mi madre, la cual se había levantado temprano para despedirse de su única hija.
- Ya voy, mamá.
Me vestí con unos vaqueros ajustados y una camiseta carmesí de tirantas. Arreglé mi pelo en una coleta alta, hice mi cama y saqué las maletas que había preparado días antes. Entré mis pequeños pies en unas sandalias del mismo color de la camiseta y fui hasta la cocina donde mi madre me esperaba con un plato bien grande lleno de tortitas con Nutella.
- Wow mamá, ¿y esto? Nunca me haces tortitas.
- Un día es un día cariño.
- Mamá otra vez no… No me voy para siempre, volveré el próximo verano.
- Es que te haces mayor tan rápido…
Y una lágrima viajó de su ojo hasta su mejilla.
 - No llores mamá…
Me acerqué a ella y le abracé.
- Prométeme que te portaras bien, estudiaras mucho y me llamaras todas las semanas.
- Te lo prometo.
Ella limpió sus mejillas con su pañuelo de tela blanco con las iniciales de su nombre y apellidos en hilo dorado y formo una pequeña sonrisa.
Terminé de desayunar y me puse en pie dispuesta a irme, entonces caí.
- ¿Y papá?
- Se fue temprano a trabajar, ya sabes que su trabajo…
No le di tiempo a terminar, ya estaba cansada de lo mismo.
- Ni trabajo ni nada, ya estoy cansada de que nunca me despida. ¡Estoy harta de que papá sea el empresario más importante de Estados Unidos! ¡Estoy harta de no tener un padre como el de los demás!
Mi madre no respondió, solo asintió, me dio un beso en la frente y salió de la cocina.
Volví a mi cuarto y bajé las maletas a la entrada de la mansión de los Smith donde había vivido mis dieciocho años.
Cuando tenía todo lo que necesitaba en la entrada, abrí mi Mini Cooper blanco con dos rayas en medio y fui entrando las maletas más pequeñas en el diminuto maletero del coche. Las más grandes las metí en los asientos traseros.
Me senté en el asiento del conductor, entré mi llave en la ranura, la giré dándole vida al motor de mi coche.
Cuando llegué al aeropuerto me dirigí al mostrador de embarque , allí entregué mi pase a una chica con camiseta de manga corta blanca y una falda azul a cuadros.
Después de coger las maletas de nuevo y subir al avión, caí en un profundo sueño.
***

- Chica, despierte, ya hemos llegado.
Abrí los ojos poco a poco hasta encontrarme a una señora de unos treinta años en frente mía con una sonrisa en su rostro.
- Si, gracias.
Me levanté de mi asiento y me dirigí a la salida.
***
Llegué a la casa que el padre de Danny y mi padre habían comprado.
Entré en la casa, era gigantesca, pero no más que la mía. En el hall había una mesita con un teléfono fijo azul, al lado un montón de revistas y como centro un jarrón con 3 rosas y 2 margaritas. En la otra punta del hall estaba un perchero  y al lado un paragüero. El suelo estaba decorado con una larga alfombra de color negra con detalles en blanco. A la derecha estaba la cocina, a la izquierda un baño y en frente el salón. Miré la cocina, la cual era toda de granito, tenía muchos muebles y una mesa isla. La cual tenía un frutero. Luego le eché un ojo al baño, este era muy pequeño, solo disponía de un váter y un lavamanos que estaba enganchado en la pared. Ya cuando terminé de ver la cocina y el baño, entré en el salón y me quedé alucinada. Era muy grande, no como la de mi casa, pero para vivir tres años, era mucho. El salón tenía una televisión de plasma en la pared, debajo de ella había la calefacción que parecía que era una chimenea, el sillón estaba en forma de L con una mesita en medio, en la otra punta del salón había una mini-barra con una estantería llena de botellas de alcohol, luego había muchos detalles que hacían el salón más acogedor.
Subí las escaleras y dejé las demás habitaciones para verlas el próximo  día, estaba muy cansada y tenía que deshacer la maleta.

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