viernes, 18 de abril de 2014

Capítulo 4.

No sólo había hecho una fiesta en la casa sin yo estar invitada, si no que se había montado aquí una orgia de las buenas, el hall estaba repleto de botellas vacías por el suelo, ropas y mantas enganchadas por las lámparas y mesas, chicas y chicos medio desnudos y dormidos tumbados en el suelo. 
Ha medida que iba pasando hacia el salón me arrepentía de haber ido tan temprano, de repente pisé algo pegajoso rojo que no quise pensar que era.
Cuando llegue al salón, mi ira aumento cómo nunca lo había hecho.
- ¡¡Danny!!
Un Danny borracho se acercó a mí casi sin poder mantenerse en pie, se tropezó empujándome contra la pared. Acercó a mi oído y me susurro en palabras casi entendibles.
- Dime nena.
Intenté pronunciar palabra, pero gracias al miedo que sentía en ese momento sonaron raro.
- Échalos todos de aquí...
Su mano bajo a mi muslo, empezó a hacer pequeños círculos imaginarios debajo de mi corto pantalón. No me moví, el miedo en ese momento me podía. Deslizó su mano más adentro de mi pantalón hasta que tocó el borde de mi ropa interior de encaje mientras me besaba en cuello. Se me escapó un leve suspiro de mis labios y entonces supe que si no paraba iría a más y no quería que mi primera vez fuese con un borracho. Le empujé con la poca fuerza que yo tenía, él dio un paso hacia atrás y se fue a no sé dónde.
Me coloqué bien los pantalones los cuales se me habían subido un poco, me aclaré la garganta y grité.
- ¡Todo el mundo fuera de aquí!
Algunos me escucharon haciendo que se despertasen y me miraran confusos.
- Que os valláis, son las once de la mañana y la fiesta ya ha terminado.
Se levantaron mientras refunfuñaban y buscaban sus cosas, luego se iban pegando un portazo.
Los demás que quedaban seguían dormidos, la mayoría eran chicas que seguramente estaban demasiado ebrias.
Me acerqué a ellos con un palo de fregona que había por el suelo y les empecé a pegar con el artilugio. Al cabo de un rato se fueron todos menos una chica de pelo largo rubia, con dos buenas tetas de silicona cubiertos con un sujetador medio roto de leopardo y con un olor pestilente a alcohol, drogas y tabaco.
Me agaché a su lado y le tiré un poco de un mechón de su pelo.
- Déjame puta.
- No soy ninguna puta a diferencia de ti, y esta es mi casa y vas a hacer lo que yo te diga.
- No es tu casa, es la de mi novio Danny.
- Anda, pues mira cuanto me importa que sea tu novio.
Me levanté y le cogí de todo su pelo haciéndole levantar un poco la cabeza del suelo, tiré de ella por todo el hall hasta llegar a la puerta. Ella se quejaba y me decía palabras para nada bonitas.
- ¡Se lo diré a Danny!
- Cuando tú quieras.
 Y la dejé en la entrada de la puerta mientras cerraba la puerta de un portazo.
- Hijo de…
Levanté la mirada y Danny estaba apoyado en el portón de la puerta que daba entrada al salón.
- No sabía que una nerd como tu podía hacer eso.
- No soy una nerd.
- Si que lo eres.
Se acercó a mí y yo retrocedí quedándome de espalda a la puerta.
- ¿Y sabes qué más puedo hacer?
- No sé, dímelo tú.
Me empezó a dar pequeños besos por el cuello.
- Esto.
Y patada en los huevos. Se tiro al suelo con las manos en sus partes doloridas.
- Ni se te ocurra volverme a tocar, y la próxima vez que me encuentre esto. Llamo a tu padre y al mío.
***
- ¿Enserio tía? Que fuerte, menos mal que no fui a la fiesta.
- Puff, cada día lo soporto menos Susan.
- Es simpático…
- Para ti, que te has acostado con él.
- Pues lo volvería a hacer. 
- Puaj, Susan cállate. 
- Vale, vale, me ha dicho Jenny que no le coges el teléfono. 
- No tenía batería, y cuando le llame no me lo cogió. 
- Pues dice que Axel tiene algo muy importante que deciros. Es mejor que vayas a su casa. 
- Vale, gracias. Adiós 

***

Llegué a la casa de mis amigos, Jenny me abrió con cara preocupada, ella tampoco sabía que nos quería decir. 
Nos sentamos en el sofá los tres y Axel empezó a hablar. 
- Bueno, quería hablar con vosotras de algo muy importante...
- Venga, nos tienes muy preocupadas. 
- Enm... Soy gay y tengo novio. 
Yo no supe que decir, pero en cuanto miré a Jenny tuve en que pensar. Ella ya no tendría el final feliz que siempre había deseado junto a Axel. 

miércoles, 16 de abril de 2014

Capítulo 3.



La primer primera de universidad fue genial, como nadie me conocía no había cuchicheos por donde pasaba. Conocí a una chica llamada Susan ese mismo día, ella era muy guapa y todos los chicos le miraban, pero tenía una voz muy chillona.
En casa no pasó mucho, la mayoría del tiempo Danny no estaba en casa y yo solía traer a mis amigos a casa.
Un día que iba de camino a casa, me di cuenta que estaba el coche de Danny, así que supuse que él también estaría allí y no estaría solo. Pero cuando entré me di cuenta que en realidad estaba solo en la cocina comiendo.
- Hola Danny.
- Hola.
- Emm, ¿qué tal?
- Bien.
- Am, que raro que estés en casa…
- Es mi casa también.
- Ya.
Me acerqué al frigorífico y saqué un bote de arroz para hacer en el microondas.
- Me gustaría hablar contigo.
Me quedé un poco asombrada, no sabía de que quería hablar.
- Claro, dime.
- Lo siento por lo de la otra vez.
- ¿Qué otra vez?
- La ropa en el hall.
- Ahh, da igual, también es tu casa.
Metí el bote en el microondas y esperé unos minutos a que se hiciera.
- Otra cosa, el sábado no quiero que estés por aquí.
- ¿Por qué?
- Voy a hacer una fiesta.
- ¿Estás loco? Haces una fiesta en mi casa pero yo no estoy invitada, ¿tú eres tonto?
En seguida me arrepentí de lo que dije cuando lo vi levantarse y acercarse a mí con paso decidido y arrinconarme entre la encimera y él.
- Te vas a ir de aquí el sábado o le enseñare a todos los de la universidad las fotos que pasaron en tu instituto.
Me quedé pálida, no sabía cómo podía ser tan... cruel.
- Va…Vale…
Salió de la cocina y minutos después se escucho la puerta de la entrada cerrarse.
***
Ese sábado me fui como me había obligado Danny.
Axel estaba enfermo con gripe y Jenny se quedó con él. Así que tuve que llamar a Susan para ver si quedábamos. Resultó ser que estaba invitada a la fiesta que se organizaba en mi casa. Pero ella dijo que prefería hacerme compañía.
Entonces quedamos al lado del cine para ver Divergente, al parecer a ella también le gustaba leer como a mí.
La tarde pasó rápido y muy divertida.
- ¿Quieres quedarte a dormir en mi casa? Dudo que puedas ir a tu casa en toda la noche.
- Claro, tengo ropa en el maletero de mi coche. Porque pensaba que me quedaría a dormir en casa de Jenny y Axel.
Seguimos nuestro camino hacia su casa, ella vivía sola, decía que no le gustaba a alguien que estuviese por ahí dando vueltas mientras te duchas, vistes o cualquier otra cosa.
Su casa consistía en 2 pisos (la mía tenía 4 sin contar el trastero y la buhardilla), el primer piso tenía 4 habitaciones y un pasillo en medio que llegaba desde la puerta de entrada hasta otra puerta que supuse que sería el jardín y unas escaleras caracol que subían hacia arriba. Estaba todo decorado con muebles modernos y la mayoría eran blancos o colores claros.
Después de llamar al Telepizza y comernos la pizza subimos a su cuarto, su cama era más grande que una de matrimonio normal y tenía enfrente una televisión de plasma mediana.
- Debo pedirte perdón Emma.
- ¿Por qué?
- ¿Te acuerdas cuando me contaste que tuviste que dormir en casa de Jenny y Axel porque tu casa estaba llena de ropa de tía?
- Si, ¿no se lo habrás contado a nadie no?
- Bueno, sí, se lo conté a Danny, porque yo era la que estaba en tu casa y la dueña de esa ropa…
Me quedé en blanco, no era que me importase mucho que fuese ella, bueno si, un poco porque se encatuso por el físico de Danny, pero lo que me importaba era que no me lo contó por muy tontería que fuese. Pero no le dije nada, no iba a perder a una amiga ahora que empezaba a tener amigos.
- No pasa nada, pero no me ocultes cosas.
Y le abracé y ella encantada me siguió el abrazo.
Era bueno tener nuevas amigas, ojalá nunca hubiese sido una nerd y poder disfrutar de la amistad.
- ¿Sabrás porque estaba la ropa en el suelo no?
- Lo supongo.
- Si hay próxima vez, espero que no vuelva a ser en el sillón.
Mi cara fue todo un poema, justo me había sentado en ese sillón al día siguiente.
***
Al día siguiente me quedé en su casa a comer y por la tarde me fui a mi casa para ver que me esperaba.
Entré la llave en la ranura de la puerta y la giré a la misma vez que empujaba para ver la peor imagen que vi en toda mi vida.

martes, 15 de abril de 2014

Capítulo 2.



Me desperté a las ocho de la mañana por un ruido en la entrada, me levanté de la blanda cama de agua de mi cuarto y me vestí con una camiseta verde agua de media manga, unos vaqueros cortos con estampado de flores rojas, verdes y amarillas, un collar de cruz del mismo color que la camiseta y unas vans vaqueras.
Me arreglé mi pelo en una coleta alta como hacía siempre y bajé a la entrada para ver de dónde venía ese ruido que me había sacado de mis sueños.
Al bajar me di cuenta que procedía de la puerta, la cual no dejaba de moverse como si le estuvieran dando golpes desde fuera.
- ¡Joder, que me abras ya!
Esa voz procedía de Danny, si lo sabía era porque lo había escuchado más veces en mi instituto cuando pasaba con las chicas del club de las animadoras.
Abrí la puerta con miedo de ver cómo era, ya que nunca le había visto, solo escuchado.
Un chico más alto que yo apareció delante de mí, tenía los ojos azules como el cielo, pero con un toque de gris, su pelo castaño claro estaba peinado perfectamente hacía un lado haciendo que pareciese despeinado.
Luego miré sus labios, que decían algo pero no sabía el que, ya que no escuchaba nada en ese momento.
- ¿Me dejas pasar o qué?
Moví mi cabeza hacia los lados mientras me apartaba de la puerta.
- ¿No deberías haber llegado ayer?
- Ya te lo he dicho antes, si no me has escuchado es culpa tuya.
Él pasó por delante de mí con su maleta en mano y subió las escaleras del salón.
Para tener un padre tan rico, él no era nada mimado. Además, su padre era muy feo y el tan…
Me pellizqué la palma de mi mano para sacar esos pensamientos de mi cabeza, él era guapo, pero nunca saldría conmigo.
Me volví a pellizcar y subí a mi cuarto para hacer la cama.
***
- Que no tía, que es insoportable.
- ¡Ojalá pudiese vivir yo con él!
Mi mejor amiga Jenny había quedado conmigo para ir a conocer un poco la ciudad. Habíamos ido al centro comercial a comernos un helado en una heladería vintage, la cual las paredes eran azules celestes, el mostrador era amplio de color blanco desgastado con muchos tipos de helados, las mesas eran rosa pastel y en la entrada había un pequeño carro donde nos daban muestras de helados para elegir cual nos compraríamos. Yo elegí de Pitufo, un helado de color azul; y Jenny de Oreo.
- Deja de decir tonterías, ojala pudiese vivir yo contigo y con Axel.
Axel era mi mejor amigo. A Jenny la conocí en la biblioteca, ella buscaba un libro en la estantería de arriba y yo en la de abajo, entonces a ella se le resbaló un libro de seiscientas páginas que aterrizó en mi cabeza, la cual en décimas de segundos se hinchó. Ella me acompaño a la enfermería, y mientras esperábamos a que me trajesen hielo, hablamos y nos hicimos amigas. Luego Axel llego unos meses después porque se mudó, y al ser nuevo, la gente le dejaba solo. Nosotras nos juntábamos con él para que no se quedase solo.
- Hombre, sería mejor que vivieses con nosotros dos, pero como no puede ser…
- Si si, venga, termínate el helado que quiero ver la película.
***
Llegué a casa a las nueve de la noche, pero nada más entrar volví a cerrar la puerta e irme por donde había venido.
El hall estaba lleno de ropa de tía y de tío, así que no me quería imaginar cómo estaría el salón.
Entré en mi coche y conduje hasta la casa de mis amigos.
Su casa era un mini-apartamento de dos habitaciones y un baño. La primera habitación era el salón-cocina-comedor, a la derecha de la habitación estaba un frigorífico, un microondas y una pequeña encimera de madera; a la izquierda de la habitación estaba una mesa pequeña con 4 sillas y en el medio una televisión, una mesa de caoba  y un sofá de dos cojines de color blanco roto con tres cojines rojos.
En cuanto llegué a la casa y le expliqué todo, mi gran amigo Axel no dejaba de reírse. Esa noche me quedé a dormir con ellos.
***
El despertador sonó a las seis de la mañana el primer lunes que iría a la universidad.
No me vestí porque no cogí ropa ni pijama, ya que ni entré en la casa.
Llegué a mi casa y volví a abrir la puerta entrecerrando los ojos por si acaso me encontraba algo peor.
Pero no, estaba todo reluciente. Entré sigilosa en el salón y entonces lo entendí todo.
- Hola señorita, yo y otra chica somos las limpiadoras.
- Si, gracias.
- No hay de qué.
 Me di la vuelta dispuesta a irme pero me di la vuelta y la miré.
- Cuando llegó, ¿estaba todo limpio o...?
- Si se refiere a toda la ropa por el suelo, sí.
- Gracias.
Y salí hacia mi cuarto a prepararme para mi primer día de universidad.

domingo, 13 de abril de 2014

Capítulo 1.



Mi despertador sonó a las seis de la mañana un caluroso sábado de verano. Llevaba esperando ese día todo un año, tendría que vivir con un chico de un año mayor que yo al que todas las de mi instituto deseaban.
Por esos tiempos yo era una ''nerd'' o empollona, en un cambio desesperado para dejar de ser la nerd de mi instituto, me teñí el pelo de lila oscuro y estuve todo un verano en un gimnasio para adelgazar como las Barbie's del club de las animadoras. Pero todo fue en balde, ya que al llegar el instituto se rieron todavía más.
Me senté en la cama para luego poner un pie en el parqué de mi cuarto y luego el otro.
- ¡Emma, a desayunar!
Y ahí estaba mi madre, la cual se había levantado temprano para despedirse de su única hija.
- Ya voy, mamá.
Me vestí con unos vaqueros ajustados y una camiseta carmesí de tirantas. Arreglé mi pelo en una coleta alta, hice mi cama y saqué las maletas que había preparado días antes. Entré mis pequeños pies en unas sandalias del mismo color de la camiseta y fui hasta la cocina donde mi madre me esperaba con un plato bien grande lleno de tortitas con Nutella.
- Wow mamá, ¿y esto? Nunca me haces tortitas.
- Un día es un día cariño.
- Mamá otra vez no… No me voy para siempre, volveré el próximo verano.
- Es que te haces mayor tan rápido…
Y una lágrima viajó de su ojo hasta su mejilla.
 - No llores mamá…
Me acerqué a ella y le abracé.
- Prométeme que te portaras bien, estudiaras mucho y me llamaras todas las semanas.
- Te lo prometo.
Ella limpió sus mejillas con su pañuelo de tela blanco con las iniciales de su nombre y apellidos en hilo dorado y formo una pequeña sonrisa.
Terminé de desayunar y me puse en pie dispuesta a irme, entonces caí.
- ¿Y papá?
- Se fue temprano a trabajar, ya sabes que su trabajo…
No le di tiempo a terminar, ya estaba cansada de lo mismo.
- Ni trabajo ni nada, ya estoy cansada de que nunca me despida. ¡Estoy harta de que papá sea el empresario más importante de Estados Unidos! ¡Estoy harta de no tener un padre como el de los demás!
Mi madre no respondió, solo asintió, me dio un beso en la frente y salió de la cocina.
Volví a mi cuarto y bajé las maletas a la entrada de la mansión de los Smith donde había vivido mis dieciocho años.
Cuando tenía todo lo que necesitaba en la entrada, abrí mi Mini Cooper blanco con dos rayas en medio y fui entrando las maletas más pequeñas en el diminuto maletero del coche. Las más grandes las metí en los asientos traseros.
Me senté en el asiento del conductor, entré mi llave en la ranura, la giré dándole vida al motor de mi coche.
Cuando llegué al aeropuerto me dirigí al mostrador de embarque , allí entregué mi pase a una chica con camiseta de manga corta blanca y una falda azul a cuadros.
Después de coger las maletas de nuevo y subir al avión, caí en un profundo sueño.
***

- Chica, despierte, ya hemos llegado.
Abrí los ojos poco a poco hasta encontrarme a una señora de unos treinta años en frente mía con una sonrisa en su rostro.
- Si, gracias.
Me levanté de mi asiento y me dirigí a la salida.
***
Llegué a la casa que el padre de Danny y mi padre habían comprado.
Entré en la casa, era gigantesca, pero no más que la mía. En el hall había una mesita con un teléfono fijo azul, al lado un montón de revistas y como centro un jarrón con 3 rosas y 2 margaritas. En la otra punta del hall estaba un perchero  y al lado un paragüero. El suelo estaba decorado con una larga alfombra de color negra con detalles en blanco. A la derecha estaba la cocina, a la izquierda un baño y en frente el salón. Miré la cocina, la cual era toda de granito, tenía muchos muebles y una mesa isla. La cual tenía un frutero. Luego le eché un ojo al baño, este era muy pequeño, solo disponía de un váter y un lavamanos que estaba enganchado en la pared. Ya cuando terminé de ver la cocina y el baño, entré en el salón y me quedé alucinada. Era muy grande, no como la de mi casa, pero para vivir tres años, era mucho. El salón tenía una televisión de plasma en la pared, debajo de ella había la calefacción que parecía que era una chimenea, el sillón estaba en forma de L con una mesita en medio, en la otra punta del salón había una mini-barra con una estantería llena de botellas de alcohol, luego había muchos detalles que hacían el salón más acogedor.
Subí las escaleras y dejé las demás habitaciones para verlas el próximo  día, estaba muy cansada y tenía que deshacer la maleta.